¿Por qué?

 

¿Por qué te vas tan pronto? ¿Por qué no duermes más? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no vuelves? ¿Por qué no contestas? ¿Por qué miras a esa cosa así? ¿Por qué no descansas un rato? ¡¿Por qué?!

Preguntas; preguntas que se amontonan desde que salía al recreo sin ganas de volver a ser el portero. Esta es una historia de amor, pero no es una historia bonita. Dicen que para ser feliz hay que superar obstáculos, hay que hacer aquello que te gusta y hay que conseguir aquello que, aunque casi imposible, es remotamente imaginable; si lo consigues dicen que sientes algo que te hace sonreír sin una razón clara. Algunos encuentran esta sensación en sus hijos, en un libro, en una disciplina deportiva, en su pareja… y lo suelen llamar autorrealización.

Este entrada va de eso, del camino a la felicidad, de aquello que sólo sueñas pero para lo que duermes poco. Amor fue lo que aquel niño sentía por su compañera de clase, de tez blanca y pelo negro. Sin embargo, un día, se cruzó en su camino esa cosa roja, se pegaba al suelo como una lapa y hacía tanto ruido que era capaz de oírse a kilómetros de distancia. Ella no volvió a verlo de la misma forma, apenas podía jugar, apenas sonreía, apenas hablaba… el patio se convirtió en una nueva oportunidad para sacar del papel las formas perfectas, para dar más volumen a sus sueños, para creer que podría lograrlo, a pesar de que tras los muros de su tercer colegio no había más que olivos y maquinaria agrícola. Lo intentó, intentó cambiarlo, intentó que volviera a pensar en ella, mas no lo consiguió, ni ella ni las que la precedieron.

Creció rápido, casi tanto como su capacidad para no conseguir nada, montañas de folios se apilaban sobre el escritorio, bajo el flexo; dejó la Play Statión y se compró un par de revistas más. Dejó su bicicleta y se compró un billete de autobús. Marchó lejos, gastó su dinero, perdió sus amigos y no encontró el camino a casa. Sueños sencillos que no se cumplen… hace tantas horas que se despertó que no sabe si ya hace un día de aquello, atraviesa la ciudad de madrugada y cierra los ojos cuando el frío cala los huesos, los abre cuando el Sol aún ni ha salido.

¿Qué sentido tiene? Se pregunta tras cocinar su plato número mil de Agosto, tras quemarse por décima vez el brazo, tras gastar otro bote de lavavajillas. Despierta, vuelve a estar en la biblioteca, lo consiguió, consiguió alargar su agonía unos meses más a cambio de otro verano sin moreno, se pregunta si quizá sea el próximo el que lo consiga. Cruzó Europa buscando respuestas, supo el por qué con las palabras de Horacio Pagani, supo el cuándo al son de aquel 911 cruzando Stuttgart de madrugada y supo el dónde al ver un GTR deslizarse sobre una curva de peralte invertido en Nürburgring. Pequeños momentos de felicidad que no dan para vivir 60 años más, pero que permiten dar una prórroga a la paciencia y tratar de intentarlo unos años más.

Sueños simples: un deportivo, una noche solitaria y una ciudad que duerme. Sueños simples: una plaza de garaje, una caja de herramientas y 20 metros cuadrados en los que descansar tu conciencia por unas horas, hasta que tu pie derecho te pida volver a empezar. ¿Tiene sentido luchar por lo imposible? Pregunta al sexagenario que compra su primer clásico con su fondo de pensiones, pregunta al que puso un motor a un carruaje; pregunta al que supo ver el arte que hay tras una carrocería, al que se le erizó la piel al acelerar, al que conoció en el amor eterno al ver su primer Ferrari. La esperanza la encuentra en cualquier sitio, en una mirada, en una frenada, en un vídeo a las 3 de la madrugada que dilata su energía un rato más, le queda la música y un “gracias” sincero… y es que ¿De qué sirve todo esto? Cuando vuelve quedan menos, y los que quedan son más viejos y olvidadizos.

Perderlo todo por un futuro utópico, observándolo como el horizonte que se aleja diez pasos cuando avanzas nueve hacia él. Y es que, cuanto más quieres alcanzarlo más rápido se va, más lejos se queda y más estúpido es este viaje. Buena pregunta entonces:
-¿Para qué sirve la utopía?                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       – Pues sirve para eso, para caminar.

 

 

Post your thoughts